El diablo se viste de izquierda

17 DE SEPTIEMBRE DE 2017 / Abelardo De La Espriella

No exageramos -a lo mejor nos quedamos cortos- quienes, desde hace varios años, venimos alertando sobre la lenta pero segura entronización de la izquierda más radical en la política y la institucionalidad colombianas. A ese pequeño grupo de ciudadanos que nos atrevimos a desenmascarar los protervos intereses del “mamertismo irracional”, nos llamaron azuzadores de la guerra, cuervos de la violencia, paramilitares, crimínales apocalípticos y con cientos de epítetos impronunciables, solo para desacreditarnos. Eso cuando no recurrieron a los consabidos montajes judiciales, orquestados por “camaradas agradecidos” que siguen moviendo los hilos de la justicia de este país a un muy alto nivel. La izquierda radical destroza moralmente, encarcela injustamente y, cuando tiene a disposición un brazo armado, elimina a quienes considere que ponen en riesgo sus planes de alienar a los incautos votantes, para hacerse al poder y no salir de ahí, hasta que san Juan agache el dedo. Sobran los ejemplos en todo el mundo, el método es conocido y está patentado.

Muerte al tirano

09 DE JULIO DE 2017 / Abelardo De La Espriella

La violencia y la sevicia empleadas por la narcodictadura de Nicolás Maduro contra el pueblo venezolano y la oposición democrática es intolerable y rebasa con creces parámetros de crueldad desplegados en otras latitudes, por individuos no menos despreciables que el oligofrénico que (al menos en apariencia) regenta la fracasada y manida revolución chavista. No es un secreto que el “gigantón descerebrado” en comento fue puesto en la Presidencia por los hermanos Castro Ruz, sátrapas y opresores de conocida tradición en el mundo: convencieron a un moribundo y asustado Hugo Chávez para que designara como sucesor a Maduro, porque era obvio que necesitaban a alguien fácil de manipular

La huella de la guerrilla en la bomba del Andino

25 DE JUNIO DE 2017 / Abelardo De La Espriella

El miserable atentado terrorista en el Centro Comercial Andino, por una parte, es un simbolismo que pretende (por quienes lo ejecutaron) demostrarle al “bogocentrismo” que, pese a la tal paz que tanto pregonan Santos y sus “enmermelados” de ocasión, nadie está seguro de verdad, y, en consecuencia todo el mundo es susceptible de ser víctima de execrables crímenes. El lugar no podía ser más representativo: un sitio en el corazón de Bogotá, concurrido por gentes de todos los niveles, pero especialmente por aquellos que pertenecen a esa oligarquía que la guerrilla históricamente tanto ha odiado. La moraleja es clara: colombianos, la tragedia puede abrazarlos en cualquier momento, no importa en dónde estén. El brazo largo del terrorismo llega a fronteras insospechadas. Por ende, hay que apoyar la falsa paz a cualquier precio.

El derecho del pueblo a tumbar a un tirano

02 DE JULIO DE 2017 / Abelardo De La Espriella

La primera obligación de un ciudadano de bien es respetar la ley. La democracia se sostiene por cuenta de la observancia de las normas que inspiran la República. Pero antes que el mismo pueblo, el Estado, representado por sus funcionarios y dirigentes, es por excelencia el llamado a honrar esos mandatos jurídicos, que se erigen como el sustento mismo de la institucionalidad. En consecuencia, cuando el desconocimiento de la Constitución deviene del propio Gobierno, la sociedad queda habilitada para hacer lo que sea menester, con el único propósito de que la democracia retorne a sus fueros legales. Cuando es el ciudadano el que soslaya el derecho, le corresponde entonces al Estado ejercer la acción punitiva. Se trata, pues, de un mecanismo que equilibra las cargas y que, desde tiempos inmemoriales, ha hecho parte integral de manera expresa o tácita de diferentes cartas políticas. El verdadero sistema de pesos y contrapesos se da entre el pueblo y el Estado.

"¿Adiós a las armas?"

17 DE JUNIO DE 2017 / Abelardo De La Espriella

Este artículo, queridos lectores, no versa sobre la obra homónima de ese genio de la literatura que fue Ernest Hemingway. Me encantaría escribir análisis literarios, en vez de documentar la espantosa realidad que padece nuestra patria adolorida. Pero nada que hacer: un hombre no puede escapar de su destino, y, al parecer, gran parte del mío es denunciar los excesos de un régimen nefasto, que nos lleva a una desgracia inimaginable.